Y aunque honestamente dimos un brinquito de alegría al principio, después fue amargo el recuerdo de una historia de niños que podían llegar a ser súper tóxicos. Acá un ejemplo de esas amistades que si hubieran sido en la vida real, preferiríamos tener lejitos: Por ejemplo, cuando conoce a sus compañeras de cuarto, Zoey se la vive quejándose de que una es desordenada y la otra hace mucho ruido… Pero no reconoce que ella se la pasa olvidando su llave y por eso sus roomies siempre deben abrirle la puerta. Se las da de galán y “todas mías” y siempre ofende a las mujeres que estudian con él, pues cree que no son lo suficientemente buenas como los hombres.